18 mayo 2006

CÓMO GUARDAR EL SÁBADO


CÓMO GUARDAR EL SÁBADO

¿Si yo te pidiera que describieras a una persona específica, la describirías diciendo lo que esa persona no es? "Ella no es baja, no es gorda, no es rubia, no es bonita, no es oscura y no es de huesos grandes." ¿Ayudaría esta descripción? ¿No preferirías tener mejor una descripción positiva?
Uno de los problemas con describir cómo guardar el Sábado es que la Biblia contiene varias declaraciones (que nosotros repetimos a menudo y le añadimos) acerca de lo que no debemos hacer en ese día. Si tratásemos de describir el Sábado en una forma positiva, seguramente nos ayudaría a pensar en él con mucho más agrado.

Estaba hablando hace poco con un pastor, y nos decía que en América, donde vive su hija, hay muchos adventistas que dejan la iglesia y dejan de guardar el sábado, y que allí la gente en general prefiere el domingo, porque lo disfrutan más.
Normal!- le dije yo – porque en realidad no sabemos guardar el sábado. Sabemos que es importante y que es el día de reposo, pero se nos hace una carga pesada, igual que lo hacían los fariseos en tiempos de Jesús. Lo hemos resumido en no hacer esto, no hacer lo otro, ir a la iglesia y ya está. Sin embargo los domingos, como hay muchísimos adventistas que no trabajamos el domingo, ese día sí que lo aprovechamos para hacer lo que queremos y disfrutarlo de verdad. Nos vamos de paseo, a la montaña, a la playa, al campo, nos juntamos con la familia, que si hacemos una paella,… vamos, que realmente lo disfrutamos!


Creo que en realidad, muchas veces los domingos disfrutamos mucho más que los sábados, y no es que hagamos cosas muy excepcionales comparando con el sábado. Simplemente, nos sentimos libres. Libres de hacer y deshacer a nuestro antojo. No es que nos vayamos de compras por ahí (porque los domingos los comercios están cerrados), ni solemos trabajar (a veces, sí, claro). ¿Cuál es la diferencia?

Ataduras!!
Nos hemos atado al sábado. Hemos dejado de tratarlo en positivo, y sólo pensamos en él en negativo. Quiero decir, que pensamos en las prohibiciones: ¿Puedo ir a la playa el sábado? ¿puedo jugar a la pelota? ¿puedo ver la tele? ¿puedo hacer la comida? ¿Puedo ir de viaje? ¿puedo…?
Como solemos contestar que no a todo esto, nos enfurruñamos, y decimos: Es que no puedo hacer nada en sábado!!!

¿CÓMO QUE NO?

Podemos hacer muchas cosas. Es como la prueba que Dios les puso a Adán y Eva en el Edén: “Podéis comer de todo árbol del huerto, menos de uno” ¿Qué pasa, que sólo había dos árboles? Nada de eso. Tenían toda la libertad del mundo. Dios sólo había reservado uno para comprobar si eran capaces de obedecer.
Pero, ¿cómo se guarda el sábado?

En sábado podemos hacer muchísimas cosas, pero hay otras para las que tenemos otros seis días.
En lugar de plantear el sábado como un “NO PUEDO HACER…”, debiéramos plantearlo como un “VOY A HACER COSAS QUE OTROS DÍAS NO ME DA TIEMPO, VOY A DISFRUTAR CON DIOS”.
Pero Dios no es un ser apartado que nos reclama en la oscuridad, totalmente a solas. Dios es Dios para mí, para mi marido, para mis hijos, para mis hermanos… y con todos ellos puedo disfrutar de su compañía.



- CÓMO EMPEZÓ EL SÁBADO-

Es importante recordar cómo empezó el sábado, porque nos da pistas de cómo empezar a disfrutarlo.
Génesis 2: 1-3 “Así fueron acabados los cielos y la tierra y todas sus huestes. Y en el séptimo día completó Dios la obra que había hecho, y reposó en el día séptimo de toda la obra que había hecho. Y bendijo Dios el séptimo día y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que Él había creado y hecho”.

Toda una semana de labor ardua. Seis días trabajando (y disfrutando) de la labor que se había propuesto. Dios no estuvo trabajando esos seis días sin disfrutar de lo que hacía. Él es un ejemplo para nosotros de cómo debemos trabajar en la semana. Aunque nuestro trabajo sea duro, debemos hacerlo de la mejor manera posible, intentando que nuestro trabajo sea el mejor que podemos realizar. Al acabar cada jornada, Dios miraba lo que había hecho, y comprobaba que estaba bien (“Vio Dios que era bueno”, se repite cada día de la creación).
Igual, nosotros debiéramos pararnos un momento cada día y mirar qué tal hemos hecho nuestra labor diaria, y poder pensar “He hecho un buen trabajo”.
Cuando acabó toda su labor el sexto día, miró el conjunto de la semana y pudo decir con satisfacción (Génesis 1:31): “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana: el sexto día”.

¡QUÉ BIEN! Llega la puesta de sol del viernes, y está todo terminado perfectamente. Ha tenido muchas cosas que hacer todos los días, y el viernes ha sido especialmente importante, porque ha creado ganado, reptiles, bestias de la tierra, hizo al hombre, parándose un poquito más en él, porque lo haría semejante a Él mismo, después le presentó todo lo que había hecho para que Adán les pusiera nombre a los animales, y como punto final, hizo también a la mujer, para darle una bonita sorpresa a Adán, y así se celebró el primer matrimonio!


“Vaya semanita! Pero fue perfecta. Un viernes duro, pero no importa, ha sido estupendo. Me siento tan feliz! Mañana sábado descansaremos todos juntos. Éste será mi regalo de bodas para vosotros: Un día para descansar, para disfrutar, y para que estemos juntos. Será un día BENDITO, es decir, dichoso, feliz. Y además, SANTO, es decir, especialmente para nosotros, para que estéis conmigo”

De esta manera, si nos damos cuenta, el sábado físico empieza a la puesta de sol del viernes, pero el sábado que Dios ha pensado para nosotros, empieza en cuanto empieza la semana. Debemos pensar en el próximo sábado en cuanto acaba el anterior, porque para disfrutarlo de verdad tenemos que prepararlo todo durante la semana, como Él hizo.

Una vez entendido todo esto, llegamos de veras al sábado. Pero vuelvo a encontrarme con la pregunta: ¿Qué hago hoy? ¿Qué puedo hacer para disfrutarlo? ¿Cómo lo dedico a Dios?

Vayamos a la Ley:
Éxodo 20: 8-11
Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, mas el séptimo día es día de reposo para el SEÑOR tu Dios; no harás obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el extranjero que está contigo. Porque en seis días hizo el SEÑOR los cielos y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, el SENOR bendijo el día de reposo y lo santificó.

El sábado es un día de REPOSO. ¿Qué significa esto? Reposar significa: Descansar, interrumpir o cesar la fatiga o el trabajo por algún tiempo.
También significa permanecer en quietud y paz sin alteración.

Pero no es un día de reposo cualquiera, porque seguramente, en algún momento dado podemos necesitar algún día extra para reposar. Es un día de reposo, para SANTIFICARLO. Esto significa, dedicado a Dios.
Santificar algo es, ante todo, separarlo para hacerlo diferente. Por tanto, nuestro reposo sabático, no es sólo para descansar del trabajo, para cesar en nuestras fatigas o para estar quietos y en paz, sino para hacer todo eso por y para Dios.

Durante seis días Dios nos da el tiempo y la capacidad para trabajar, para hacer aquello que necesitamos, para todas nuestras obras tanto para ganar nuestro pan, como para satisfacernos, o para entretenernos. Él dijo que en esos seis días hagas TODA TU OBRA. Es decir, todo lo que sea para nosotros mismos. Piensa en todo lo que haces habitualmente y que es para ti. Todo eso, es para hacerlo durante la semana:
Seis días PARA TI, un día PARA EL SEÑOR.
Deja lo que tengas que hacer para otro momento, no se lo robes al sábado. Al fin y al cabo, es una pequeña porción de tiempo de todo el que dispones.
Además, al abstenerse de trabajar, el hombre aprende a respetar a los demás seres y a liberarse de las cadenas del interés material. “Ten cuidado”, advirtió ya Moisés:
“Cuando el Señor tu Dios te haya introducido en la tierra que prometió a tus padres (…) en ciudades grandes y buenas que tú no edificaste, con cisternas y casas llenas de todo (…) cuando comas y te sacies, cuídate de no olvidarte del Dios que te sacó de la esclavitud de Egipto” (Deuteronomio 6: 10-12).

Cuando nos dejamos absorber por las necesidades materiales tendemos a descuidar las espirituales. De ahí el valor inestimable de un espacio de tiempo empleado en dar, compartir y ponerse de acuerdo.
Cada seis días una tregua interrumpe la agitación o la rutina de nuestras tareas. Haya habido tiempo o no de concluir los negocios, recoger las cosechas o terminar los proyectos, un alto en el camino nos descarga y libera de todas las servidumbres (Deuteronomio 5:15)


Pero piensa que ESTE REPOSO NO ES SÓLO PARA TI. Ya dijimos antes que Dios es Dios para mí, para ti, para tu familia, para tu casa, para los que te rodean, para todos. Por tanto el reposo es para todos. Todos somos sus criaturas, y Él nos dio el ejemplo para hacerlo

Pero lo más importante y que ya hemos comentado. El sábado es BENDITO y SANTO. No es un día triste, ni fastidioso, porque bendito es dichoso, feliz. Es el único día de la semana que tiene estas características. Cuando Dios acabó el primer día de la creación dijo que lo que había hecho era bueno, pero no bendijo ese día. Lo mismo leemos en el tercer, cuarto, quinto y sexto día de la creación, pero Él no bendijo estos días. Era estupendo todo lo que había hecho. Pero el día realmente feliz, sería el séptimo, donde reposaría y compartiría las maravillas que había hecho con sus seres amados. Pasaría un tiempo especial con ellos. ¿Qué hay más dichoso que eso?

La intención última del sábado bíblico es de índole espiritual (Salmo 46:10 “Estad quietos, y sabed que yo soy Dios”). Se trata a la vez de una conmemoración de la creación y de la liberación de Egipto.
Cuanto más enfrascados en nuestros proyectos, mayor peligro corremos de olvidar el lugar que ocupamos en el mundo. La tregua del sábado nos lleva de la esclavitud del trabajo a la libertad del descanso, y nos recuerda que todo lo debemos a Dios.

El descanso propuesto es TOTAL: físico, laboral y espiritual. Este paréntesis periódico en el tiempo está ahí para ayudarnos a gozar de lo que no podemos disfrutar tan intensamente entre semana porque estamos demasiado ocupados. El día, que abarca desde el atardecer del viernes hasta la puesta de sol del sábado, ha sido “santificado”, es decir, consagrado a Dios para no ser vivido como el tiempo común, y “bendecido”, es decir, asociado a privilegios especiales y a una experiencia de plenitud.


Bien. Todo esto que hemos comentado es estupendo: el sábado es un día especial, en él se descansa en todos los sentidos, es un día para compartirlo especialmente con Dios, y para disfrutarlo de verdad debo pensar en él desde el comienzo de la semana, preparándome especialmente para él; pero yo sigo con mi pregunta del principio: ¿Qué es guardar el sábado, cómo se observa el sábado?

Hace tres años me encontré con un libro sobre el sábado que me gustó mucho. Seguramente muchos lo conocéis. Es chiquitito, y tipo novela. Se lee rápido. Se titula Puente sobre el tiempo, y es de Dan M. Appel, de la editorial APIA.
He tomado algunas ideas que se exponen en el libro para que entendamos qué es guardar el sábado o cómo se observa el sábado.

Uno de los protagonistas dice (pg. 77):
Descubrí que Dios aparta 24 horas de cada semana para mí.

Fijaos que no dice que nosotros apartamos ese tiempo para Dios, sino que Dios lo aparta para nosotros. ¿no es maravillosa esta visión?

Es una celebración especial. Es un regalo que nos dio desde la creación, mucho antes de que existieran los judíos. Jesús lo celebró. Todos los apóstoles lo celebraron. Es como un tesoro escondido que siempre hemos tenido en nuestra bolsa, pero lo habíamos olvidado. Ahora, sólo lo hemos descubierto.
(…)
En la creación Dios nos dio este día de calidad de tiempo con él y los unos con los otros.

Nos dio el día de sábado como un regalo. Marcos 2: 27,28 dice: Y les decía: El día de reposo se hizo para el hombre, y no el hombre para el día de reposo. Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.




El sábado nos fue dado con un propósito. Dios nos lo dio por lo menos por tres razones:

1. La primera es para la adoración. Esto podría ser ir a la iglesia, aunque no exclusivamente, ya que podemos adorar también en plena naturaleza, por ejemplo.

2. El siguiente es calidad de tiempo con mi familia y mis amigos. Pero el tiempo con mis amigos no puede disminuir mi tiempo con Dios. Esto quiere decir que ciertas formas de pasar el tiempo con mis amigos pueden crear una atmósfera que no me deje sentir la presencia de Dios, y también lo contrario: Puedo pasar tiempo de calidad con mis amigos, viviendo una atmósfera que me acerque más a la presencia de Dios.

3. Jesús realizó casi todos sus milagros de curación durante el sábado. Así que el sábado es un día para ayudar a otros. Podemos pasar una buena parte de nuestro tiempo el sábado en la tarde para ayudar a las personas.


Roberto Badenas, en su libro Más allá de la Ley, en la pg. 158 dice:

“ El hecho de dejar de lado las tareas cotidianas nos deja libres para emprender otras y adoptar un ritmo vital más sereno. El sábado es el momento de volver a afinar nuestra armonía espiritual y de sintonizar plenamente con el Creador en un mundo secularizado. Es el día idóneo para disfrutar de familia y amigos, de dedicarnos sin prisas, intensa y alegremente a compartir, charlar, pasear, leer, escuchar música, meditar, orar, amar y tantas otras cosas. Su tregua nos libera –en el sentido más básico de la expresión- para revitalizar los recursos interiores que se atrofian por desuso, y nos ayuda, en última instancia, a saber quién es el amo y quién es el esclavo de nuestra existencia.

Santificar el sábado consiste en reservar un espacio en el tiempo, del mismo modo que se construye un templo en el espacio. Y así como en el templo no cabe cualquier actividad, en el tiempo santificado tampoco. El sábado es un templo en el tiempo. Santificar ese tiempo consiste en abandonar las preocupaciones habituales, la rutina, la agitación y el estrés de la obsesión del rendimiento o de la búsqueda trepidante de distracción, para abrirse a lo esencial y permitir que la dimensión de eternidad confinada en nuestro espíritu se expanda libremente”

Con los tres puntos mencionados antes, y estos comentarios, tenemos ya un pequeño esbozo de lo que pueden ser nuestros sábados, o de lo que pueden llegar a ser.

1. Normalmente tenemos muy claro el primer punto: la adoración
Y decir “muy claro” no sé si es hablar con propiedad. Porque hacer acto de presencia en la iglesia no es adorar a Dios precisamente.
Lo que quiero decir es que normalmente asistimos a la iglesia para adorar a Dios por medio de la oración, los cantos, las ofrendas, el estudio de la Palabra, el culto… En la iglesia adoramos a Dios. Todo esto también lo podemos hacer como iglesia en otro lugar físico que no sea el local en el que lo hacemos habitualmente, sea la montaña, un parque, una playa, la orilla de un río…
De todos modos, nuestro ejemplo máximo es Cristo para todas las cosas y Él tenía una costumbre:
La costumbre de Jesús era ir a la sinagoga los sábados. Así lo leemos en Lucas 4:16
“Llegó a Nazaret, donde se había criado y según su costumbre, entró en la sinagoga el día de reposo, y se levantó a leer”

Entre las diversas acepciones que encontré en el diccionario al buscar la palabra ADORAR, encontré esta: Amar con extremo; y aunque no es la principal, también podríamos considerarla, en cuanto a la adoración a Dios el sábado.
Cuando amamos a alguien, necesitamos estar con esa persona.

Dios nos ama, y quiere que pasemos tiempo juntos, igual que una pareja de novios desea pasar tiempo juntos. El sábado constituye una cita con Jesús, un día especial para relacionarnos con él. Los momentos furtivos de devoción que nuestra complicada vida actual nos permite, no son suficientes. Necesitamos el reposo del sábado. Nuestros cuerpos y nuestras almas lo necesitan.


2. El segundo punto es bastante apetecible, y solemos llevarlo a cabo. Por lo menos a veces, o en parte. Es el de pasar tiempo de calidad con mi familia y con mis amigos.
Solemos pasar tiempo con la familia, pero no siempre es de calidad. Cuántas veces llega el sábado y lo pasamos enfrascados en la iglesia de aquí para allá, en una reunión o en otra.
O en otras ocasiones, sí, quedamos con la familia o con los amigos, pero empezamos a hablar de todo lo cotidiano, y de Dios ni nos acordamos.
Recordemos, el tiempo de calidad con mi familia y mis amigos no debe mermar la presencia de Dios en nuestra vida el sábado.
¿Sería apropiado irse con la familia al fútbol un sábado? ¿O a la ópera? ¿O a una competición de patinaje artístico, por decir algo? Pensemos, si esas cosas nos acercan o nos apartan de Dios, al menos momentáneamente. Acordaos que Dios nos dice que hagamos toda nuestra obra los seis días de la semana, pero el séptimo es reposo para Dios. Y decir reposo para Dios, no significa que Él descanse, sino que es un tiempo para Él, para pasarlo principalmente con Él.
Pero Dios no es exclusivista, no está obstinado en estar únicamente con nosotros todo el tiempo de sábado. Es por eso que podemos estar con Él y con más personas a la vez. Y quiénes mejor que nuestros seres amados: nuestra familia y nuestros amigos.
Dios sabía que también necesitamos tiempo específico para compartirlo con nuestros seres amados, sin ser interrumpidos por los ajetreos cotidianos. Para aquellos familiares que durante la semana se convierten en extraños bajo el mismo techo debido a sus múltiples ocupaciones, el sábado ofrece la oportunidad de renovar lazos de amor y comunicación.
Dónde y cómo pasemos ese tiempo debemos decidirlo cada uno, porque seguramente habrá muchas posibilidades diferentes.
A mí se me ocurre que estar con el Creador en medio de su creación debe ser estupendo, y más en el día en que recordamos sobre todo esta cualidad de Creador. Podemos disfrutar de la naturaleza, del mar, de la montaña, del aire, del campo, del río, de la lluvia, del olor de las flores, de un atardecer rojizo en la orilla de la playa, de la nieve, de los árboles, del canto de los pájaros. ¡Son tantas las cosas que creó en seis días!


3. El tercer punto trata de dedicar tiempo a ayudar a otros. Cristo es nuestro máximo ejemplo, como ya decíamos. Y Él ayudó a mucha gente en sábado, a pesar de que los máximos dirigentes religiosos de su época estaban totalmente en contra de estas prácticas.

Estaban dispuestos a ayudar a un animal para darle agua, (porque si no lo hacían perdían dinero). Pero cuánto les costaba ver la necesidad de sus semejantes! Podemos leer un ejemplo en Lucas 13: 10-17:

Jesús estaba enseñando en una de las sinagogas un día de reposo, y había allí una mujer que durante dieciocho años había tenido una enfermedad causada por un espíritu; estaba encorvada, y de ninguna manera se podía enderezar.
Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, has quedado libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella, y al instante se enderezó y glorificaba a Dios.
Pero el oficial de la sinagoga, indignado porque Jesús había sanado en día de reposo, reaccionó diciendo a la multitud: Hay seis días en los cuales se debe trabajar; venid, pues, en esos días y sed sanados, y no en día de reposo.
Entonces el Señor le respondió, y dijo: Hipócritas, ¿no desata cada uno de vosotros su buey o su asno del pesebre en día de reposo y lo lleva a beber? Y ésta, que es hija de Abraham, a la que Satanás ha tenido atada durante 18 largos años, ¿no debía ser libertada de esta ligadura en día de reposo?
Y al decir esto, todos sus adversarios se avergonzaban, pero toda la multitud se regocijaba por todas las cosas gloriosas hechas por Él.

No seamos hipócritas. No juzguemos la forma de guardar el sábado de los que nos rodean. Puede que nosotros lo entendamos de una manera, y no sea realmente la forma correcta. ¿Creéis que el oficial de la sinagoga se indignó sin motivo? No! Él estaba realmente convencido de lo que decía, y seguramente así se lo habían enseñado. Pero estar convencido de una cosa, no significa que sea la verdad necesariamente. Él pensó en las normas, pero no en el propósito de la Ley. Y a veces podemos estar en el lugar de ese oficial, y machacar a nuestro prójimo creyendo que tenemos razón. ¡Sin tenerla!
Cuidado! Recordad Colosenses 3:12-14 “Entonces, como escogidos de Dios, santos y amados, revestíos de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia; soportándoos unos a otros y perdonándoos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro; como Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas, vestíos de amor, que es el vínculo de la unidad”

Releyendo Isaías 58, encontré que el capítulo trata dos temas, en principio diferentes. Pero cuando medité en lo que decían, comprendí que realmente estaban ahí juntos por algo.
Estos temas son: el verdadero ayuno, y el día de reposo. No tenía mucho sentido el meter de repente el día de reposo por en medio, sin venir a cuento.
Leamos varios versículos:
58:1
Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, declara a mi pueblo su transgresión y a la casa de Jacob sus pecados.

Isaías debía decir al pueblo que no estaban obrando correctamente. Creían que lo hacían bien, pero estaban equivocados. Eso dice el versículo 2:

Con todo me buscan día tras día y se deleitan en conocer mis caminos, como nación que hubiera hecho justicia, y no hubiera abandonado la ley de su Dios. Me piden juicios justos, se deleitan en la cercanía de Dios.

¿Alguien se siente identificado? Yo sí. Buscamos a Dios, creemos que le estamos sirviendo, pensamos que lo hacemos más o menos bien, que investigamos su palabra, que cumplimos la Ley,… pero, ¿qué estamos haciendo realmente?
¿Es que Dios necesita que hagamos algo para Él?
En el versículo 3 les dice:

Dicen: ¿para qué ayunamos, si no lo ves? ¿para qué nos afligimos si no te enteras? -Mirad, cuando ayunabais lo hacíais por interés, y a todos vuestros obreros explotabais.

Dejad de hacer una pantomima, haciendo que me servís, cuando vais a lo vuestro. No me podéis chantajear con un ayuno, cuando por otro lado estáis tratando mal a vuestro prójimo. Queréis que os bendiga, pero no sois capaces de bendecir vosotros al que tenéis a vuestro lado.
Y los versículos 4 y 5 siguen diciéndoles las barbaridades que hacen, y no se dan cuenta. Pero pensemos si no estamos haciendo nosotros lo mismo. Tal vez no con el ayuno concretamente! Pero si oramos a Dios, manteniendo nuestro corazón en la iniquidad, qué podemos demandar de Él. Somos como estos a los que Isaías está reprendiendo de parte de Dios. Dice Salmo 66:18: Si observo iniquidad en mi corazón, el Señor no me escuchará.

Pero el capítulo es mucho más abarcante que una simple riña, porque no les dice al pueblo sólo lo que hacen mal (como muchas veces hacemos nosotros cuando nos quejamos de algo o de alguien).
En su infinito amor, el Señor les recuerda lo que ya les había enseñado con anterioridad: qué es lo que le agrada, qué le hace feliz a Él y a nosotros. Porque Dios no quiere que hagamos cosas inservibles, sacrificios vacíos. Eso, ¿para qué sirve? Para nada, porque, recordad, la salvación no se gana por nuestros méritos, sino por los de Cristo. Eso no debemos olvidarlo nunca!!!
Entonces, su voluntad es que seamos felices, y Él sabe mejor que nosotros qué es lo que da la verdadera felicidad, y lo expone en los versículos 6 y 7:

¿No es este el ayuno que yo escogí: desatar las ligaduras de impiedad, soltar las coyundas del yugo, dejar ir libres a los oprimidos y romper todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y recibas en casa a los pobres sin hogar; para que cuando veas al desnudo lo cubras, y no te escondas de tu semejante?

Sí, esto es lo que da la verdadera felicidad: Hacer felices a los demás. Compartir lo que tenemos con otros, ayudarles.

En los siguientes versículos (8-12) se describen las bendiciones que se desprenden de este “verdadero ayuno”. Pero llegamos así a los versículos 13 y 14:

Si por causa del día de reposo apartas tu pie para no hacer lo que te plazca en mi día santo, y llamas al día de reposo delicia, al día santo del SEÑOR, honorable, y lo honras, no siguiendo tus caminos, ni buscando tu placer, ni hablando de tus propios asuntos, entonces te deleitarás en el SEÑOR, y yo te haré cabalgar sobre las alturas de la tierra, y te alimentaré con la heredad de tu padre Jacob; porque la boca del SEÑOR ha hablado.

¿Qué es lo que dice que se debe hacer el sábado? No nuestra propia voluntad, no tratar nuestros asuntos y negocios cotidianos. Pero sí, hacer de él un día de DELICIA. Y no es una delicia hacer el bien?, ¿hacer felices a otros?, ¿no será que el verdadero ayuno del que nos hablaba antes es lo que deberíamos practicar nuestros sábados? ¿Acaso no es eso apartar nuestro pie de hacer lo que nos plazca, dejar de buscar nuestro placer, dejar de hablar de nuestros negocios?
¡Ése es el verdadero significado del sábado! Así fue como lo inició Dios después de la creación, y así es como lo desea para nosotros. Él no pensó en sí mismo aquel primer sábado después de la creación, no se dedicó a sus propios asuntos, sino que pensó en lo maravilloso que sería compartir todo su esfuerzo de esa semana con sus hijos recién creados, en disfrutar con ellos todo lo que tenía: Compartir, enseñar, disfrutar, conversar, AMAR.


Concluyendo: Mi pregunta original era ¿cómo debo guardar el sábado?
Mi respuesta es: Adorando (amando) a Dios, pasando tiempo con Él en compañía de mi familia y mis amigos, y ayudando a aquellos que lo necesitan.
Y ponerse a especificar más sería hacer una lista de “esto sí, esto no”, que es lo que todos quieren, pero es lo que mata al sábado.
No dejemos de disfrutar de este regalo especial de Dios. Recordad, el sábado empieza al principio de la semana, pues para disfrutarlo realmente, requiere una buena preparación.

Os deseo a todos muy felices sábados!

7 comentarios:

Marce26 dijo...

Hace mucho tiempo que no leo algo tan justo, lleno de sabiduria, y completamente salido del corazon de alguien con buena voluntad!! Muchas gracias por este sencillo pero profundo articulo.
Saludos!

Ana dijo...

Muchas gracias por tu comentario. Un saludo para ti también, Marce26.

CITARA dijo...

ESTE BLOG EN PARTICULAR ES UNO DE LOS MAS COMPLETOS; ESPECIALMEMTE LA ESCUELA SABTICA... (PORQUE NO SOLAMENTE NO COMPRO EL FOLLETO) SINO QUE COMO ESTAMOS EN CRISIS FINANCIERA NOS AYUDA A HORRAR UN POCO.
PERO MAS QUE ESO... NUESTRO CRECIMIENTI ESPIRITUAL... GRACIAS POR PREOCUPARSE.
ME GUSTARIA COMPARTIR LA ESCUELA SABATICA CON MIS AGREGADOS DE CUENTA PERO NO ENCUENTRO LA MANERA POR CORREO. ME GUSTARIA SABEWR LA CLAVE PARA COMPARTIR LA ESCUELA SABATICA DE ESTE BLOG.

Ana dijo...

Gracias por tu comentario, CITARA. Te comento que no sé ninguna clave para compartir la escuela sabática de este blog. Lo que sí puedes hacer es añadir el enlace de la página en tu blog.
La dirección de la Escuela Sabática es www.escuelasabatica.cl
Que Dios te bendiga!

Anónimo dijo...

Hola Ana, muchas gracias por éste gran aporte, que DIOS te bendiga.

Saul Salas dijo...

Hola, soy de Costa Rica, te felicito y te agradezco me dejaste sin palabras, llevo unos meses leyendo la biblia solo, no tengo iglesia aun , pero he aprendido qué quiere Dios para nosotros y el Dia de reposo, y tu articulo lo complemento muy bien de hecho te voy a copiar algunos comentarios espero no te moleste.

saludos

saulss7@yahoo.com

http://saulsalas.webs.com/

Anónimo dijo...

hola me llamo leonel y yo también guardo el sábado y la verdad es que desde hace mucho tiempo quería escuchar o leer algo como esto te felicito y te agradezco por estos concejos pues me han encañado a ver el día del señor desde otro punto de visa o del punto de vista de Dios me ciento muy alegre en verdad que Dios te guarde