19 junio 2006

¿ESTÁS CONECTADO?

Hace nada he empezado a utilizar el Skype. Un amigo me dijo que estaba hablando con su mujer por este sistema, y me apetecía hablar con ella también. Pero claro, entre que instalas el programa en el ordenador y que empiezas a cogerle el "tranquillo", ya habían desconectado.
El caso es que no tenía ni idea de cómo iba, y otra amiga enseguida me vio conectada y empezamos a chatear. Lo que pasaba es que no paraba de recibir llamadas y mensajes de chat, al punto que casi no podíamos ni hablar. Qué pasaba? me preguntaba. ¿Cómo me llama tanta gente, si no los conozco? (Ahora sé que había dado al modo skypeame, y en eso consiste, en estar disponible a toda la gente conectada, se conozcan o no). Es un buen método para conocer gente. Sólo hay que estar CONECTADO.
Llegada la noche, y la hora de acostarse, le iba dando vueltas a la cabeza, pensando en todo esto, y estaba charlando con Dios de todo un poco, como acostumbro hacer. Y entonces me di cuenta, de que el que siempre, siempre, siempre está conectado y disponible es Él.
Nosotros con el msn, o con el skype, o con otros que no conozco podemos seleccionar si estamos diponibles, ocupados, conectados, invisibles... yo qué sé, un montón de opciones! Y a lo mejor estamos intentando hablar con alguien en concreto, pero no está disponible, no está conectado. (Que tal vez sí lo está, pero en ese momento no tiene ganas de respondernos, puede ser, ¿no?).
Bueno, pues la disponibilidad de Dios para nosotros es completa: siempre conectado, y siempre disponible. ¡Qué bien! ¡Gracias!

11 junio 2006

LA CONSTANCIA


Constancia: Firmeza y perseverancia del ánimo en las resoluciones y en los propósitos.

Me preguntaba a mí misma hasta qué punto soy una persona constante. Claro que la constancia se puede aplicar a muchas facetas de la vida. Creo que es algo fundamental en la vida de una cristiano. La constancia es la que mantiene la relación, sin que ésta se convierta en una rutina. Lo mismo en la relación diaria con Dios, que en la relación con el prójimo, con los amigos...


En la foto de arriba podría hablar de la constancia de muchas personas, pero quiero destacar a dos: Pilar y Jéssica.
Pilar, gracias por continuar lo que yo no pude. Mis circunstancias hicieron que no pudiera continuar lo que había empezado, pero doy gracias a Dios porque te puso en mi camino, (en nuestro camino, verdad Jessi?), y fuiste todo lo constante que tal vez yo no habría sido capaz de ser, y además sigues siéndolo. Gracias.
Jéssica, tú también has sido constante y has llegado tal vez más allá de lo que te veías capaz en un pricipio. Y seguro que con esa constancia llegarás lejos. De momento has conocido a Jesús, y eso es lo más grande que hay. Gracias por demostrar que la constancia en la compañía de Jesús puede transformar a las personas.
Eli, en la foto de abajo, está aplicando su constancia en su entrega personal a los demás. Gracias por lo que haces, por tu dedicación, por tu constancia, por aportar tus capacidades para que este mundo sea un mundo mejor.

En estos momentos me enfrento a un nuevo reto para mí, que exige mi constacia y dedicación. Gracias a todos aquellos que me dais vuestro ejemplo de constancia, que me anima y me exhorta a hacer yo lo mismo.

10 junio 2006

DILO

A veces he sentido algo por dentro que me lleva a pensar en alguna persona en concreto, y la necesidad de comunicarme con esa persona para decirle alguna cosa. Casi siempre algo positivo acerca de ella. En otras ocasiones he sentido la necesidad de orar por alguien que a lo mejor hacía años que no veía o de quien no había tenido noticias por mucho tiempo.
Esta semana me ocurrió con una persona, y hoy he tenido la oportunidad de hablar con ella, aunque no le he dicho todo lo que quería. Creo que ha sido algo positivo.
Me acordé también de una historia que leí hace bastante tiempo, y que quiero compartir con todos vosotros acerca del poder de la oración:


Un misionero en vacaciones contó la siguiente historia cuando visitaba su Iglesia local en Michigan, EU. ..
"Mientras servía como misionero en un pequeño hospital en el área rural de África, cada dos semanas viajaba a la ciudad, en bicicleta, para comprar provisiones y medicamentos. El viaje era de dos días y debería de atravesar la jungla. Debido a lo largo del viaje, debía de acampar en el punto medio, pasar la noche y reanudar mi viaje temprano al siguiente día.
En uno de estos viajes, llegué a la ciudad donde planeaba retirar dinero del banco, comprar las medicinas y los víveres y reanudar mi viaje de dos días de regreso al hospital.
Cuando llegué a la ciudad, observé a dos hombres peleándose, uno de los cuales estaba bastante herido. Curé sus heridas y al mismo tiempo, le
hablé de Nuestro Señor Jesucristo. Después de esto, reanudé mi viaje de regreso al hospital.
Esa noche acampé en el punto medio y a la mañana siguiente reanudé mi viaje y llegué al hospital sin ningún incidente. Dos semanas más tarde repetí mi viaje. Cuando llegué a la ciudad, se me acercó el hombre al cual yo había atendido en mi viaje anterior y me dijo que la vez pasada, cuando lo curaba, se dio cuenta que yo traía dinero y medicinas. El agregó: "Unos amigos y yo te seguimos en tu viaje mientras te adentrabas en la jungla, pues sabíamos que habrías de acampar. Planeábamos matarte y tomar tu dinero y medicinas. Pero en el momento que nos acercamos a tu campamento, pudimos ver que estabas protegido por 26 guardias bien armados".
Ante esto, no pude más que reír a carcajadas, y le aseguré que yo siempre viajaba solo. El hombre insistió y agregó: "No señor, yo no fui la única persona que vio a los guardias armados, todos mis amigos también los vieron, y no solo eso, sino que entre todos los contamos".
En ese momento, uno de los hombres en la Iglesia se puso de pie, interrumpió al misionero y le pidió que por favor le dijera la fecha exacta cuando sucedió ese hecho.
El misionero les dijo la fecha y el mismo hombre le dijo la siguiente historia.
"En la noche de tu incidente en África, era de mañana en esta parte del mundo, y yo me encontraba con unos amigos preparándome para jugar golf. Estábamos a punto de comenzar, cuando sentí una imperiosa necesidad de orar por ti, de hecho, el llamado que el Señor hacía era tan fuerte, que llamé a algunas personas de nuestra congregación para que se reunieran conmigo en este santuario lo más pronto posible.
Entonces, dirigiéndose a la congregación le dijo: "Todos los hombres que vinieron en esa ocasión a orar, podrían por favor ponerse de pie?"
Todos los hombres que habían acudido a orar por él, se pusieron de pie.
El misionero no estaba tan preocupado por saber quiénes eran ellos, más bien se dedicó a contarlos en total 26 hombres ...
Esta historia es un ejemplo vivo de como el Espíritu del Señor se manifiesta en formas tan misteriosas.

Si en alguna ocasión sientes esa necesidad de orar por alguien, deja lo que estás haciendo y hazlo.
Yo creo sinceramente que es el Espíritu Santo el que nos impulsa a hacerlo. O cuando siento la necesidad de decirle a alguien algo positivo de él o ella, creo que es porque aunque yo no lo sepa, puede estar necesitando unas palabras de ánimo o apoyo, y tal vez Dios quiere usarme para hacerlo.
DILO, DÍSELO. ORA. Cuando sientas esa necesidad, HAZLO. Puede ser maravilloso, aunque no lo descubras hasta después de cierto tiempo.

09 junio 2006

TODO TIENE SU TIEMPO


Durante las dos o tres últimas semanas ha habido una frase que parecía que me seguía a todas partes: TODO TIENE SU TIEMPO.
Podéis leer la frase en todo su contexto en el libro de Eclesiastés, en la Biblia.
Sin embargo, la frase en estas semanas no la he leído ni una sola vez en la Biblia, sino en diferentes libros, y en boca de muy diversas personas.
Cuando la oyes una vez, no reparas mucho en ella, ya la conoces, e incluso tú misma la has usado en alguna ocasión. Pero cuando el mismo día la oyes dos veces, ya te das más cuenta. Si al día siguiente se vuelve a utilizar, y así durante varios días, llegas a la conclusión de que ALGUIEN está intentando decirte algo.
La primera semana reflexioné sobre qué sería lo apropiado para mí en este momento: ¿Cuál es mi tiempo ahora? ¿Qué debo hacer? ¿Qué es lo más apropiado para mí en este momento de mi vida?
De la misma manera que yo me lo planteo, te invito a que tú hagas lo mismo en este instante. Piensa: He llegado hasta aquí, a esta situación en concreto de mi vida. TODO TIENE SU TIEMPO, ¿en qué debo ocuparme ahora?
No te voy a contar mi conclusión personal, pero te la mostraré en esta foto: ¿no crees que es acertada?